El mensaje entró a las 9:14, en medio de una visita. Ibas a contestarlo desde el carro. Después la próxima cita se alargó, y la siguiente también, y ya es de noche, la casa está en silencio y ese mensaje sigue ahí, esperando por ti.
Al lado tienes la libreta. Nombres, números de teléfono, «llamar el jueves», «quiere patio para el perro», media página en español y media en inglés. Sabe más de tu negocio que cualquier programa que hayas pagado, y solo funciona cuando la tienes en la mano.
Y en alguna de esas páginas está la familia que compró contigo hace dos años. Su casa vale más ahora y están listos para vender. Solo que no saben de ti desde el cierre, y nada te recordó llamarlos.